martes, 27 de enero de 2015


martes, 30 de diciembre de 2014



Nuestros mejores deseos para que toda nuestra comunidad y sus familias, puedan disfrutar de salud, paz, bienestar y tranquilidad en este año que pronto empieza.
...Y que el año que viene juntos trabajemos por un mejor sitio para vivir!
Cuídense mucho y feliz año 2015!

martes, 9 de diciembre de 2014


domingo, 28 de septiembre de 2014

MANIFIESTO DE LA RED DE CONSEJOS COMUNALES Y ORGANIZACIONES COMUNALES DE BARUTA


El 22 de septiembre de 1987 una Ley Estadal otorga jurídicamente la autonomía al Municipio Baruta, un hecho jurídico que marca el origen de un espacio geográfico con sus propias autoridades electas y con autonomía para poder construir su propio desarrollo. Hoy ese logro está confiscado y ello nos motiva a elevar nuestra voz de protesta, además de nuestra exigencia a recuperar esa capacidad de autodeterminarnos dentro del marco constitucional y de libertades básicas.

Como lo advirtió la Conferencia Episcopal Venezolana en su declaración de febrero 2014, el Plan de la Patria constituye la principal causa de los problemas que afectan al país. Su clara orientación centralista, la ausencia en su contenido de las instituciones del Poder Público estadal y municipal, así como la construcción de una relación directa del Estado con los ciudadanos, pero sólo a través de las Comunas, no sólo resulta contraria a la Constitución, sino que rompe con la identidad histórica que como ciudadanos nos hace parte de una comunidad. 

Además, de manera, expresa destruye la descentralización y el federalismo que consagra la Constitución aprobada en 1999 y la consulta al pueblo soberano realizada con el Referendo de la Reforma Constitucional del 2007.

El municipio Baruta ha contado por muchos años con organizaciones que han trabajado por el bien común. Con ese mismo espíritu y teniendo presente el derecho y el deberde ejercer la participación, la Red de Consejos Comunales y Organizaciones Vecinales de Baruta, queremos elevar nuestro rechazo al contenido e intención del Plan de la Patria, pues el mismo violenta los valores básicos y los principios constitucionales e históricos sobre los cuales descansa nuestra sociedad.

Destacamos y llamamos a defender enérgicamente la descentralización y el federalismo como única opción constitucional para un diseño político del Estado que logre garantizar niveles racionales de autonomía, que facilite el rescate y el fortalecimiento de los gobiernos locales a través de Municipios que efectivamente logren encontrarse en el marco de la pluralidad con sus vecinos, para construir en base a los consensos que demanda el bienestar colectivo.

Nuestro objeto como RED es promover la participación ciudadana a través de la información y el seguimiento de la gestión pública, utilizando los mecanismos de transparencia, en beneficio de todos, considerando que es con instituciones eficientes, valoradas por sus ciudadanos, y éstos a su vez activados participando de acuerdo a la ley, que estaremos defendiendo el municipio de propuestas forzadas inscritas en el citado Plan de la Patria, por demás inconsulto, excluyente e inconstitucional. 

Exhortamos a las Autoridades locales electas y a sus Partidos Políticos que hacen vida en Baruta para que eleven en sus respectivas estructuras y niveles de decisión un enérgico llamado a la Unidad de todos los actores que nos permita una sola voz en la defensa del Municipio frente a la oprobiosa imposición del Estado Comunal. 

Hoy, en el marco de la conmemoración de loscasi 27 años de la Autonomía Municipal de Baruta, los ciudadanos elevamos nuestra voz de manera responsable en defensa del Municipio, de la Descentralización, la Autonomía y de nuestro derecho al voto universal, directo y secreto. 

Entendemos que esta profunda crisis que vivimos reclama de todos una participación mucho más efectiva y enérgica. Y es desde lo local, con un municipio fortalecido, donde nos trazamos la ruta para la recuperación de nuestro sistema democrático constitucional.

La RED, en aras de fortalecer al Municipio y su autonomía exhorta a:

1. Asumir la conmemoración de la Autonomía Municipal (22 de septiembre) como una fecha clave para el fortalecimiento y defensa de nuestras instituciones locales, organizando un relevante evento social, celebrado periódicamente, relacionado con lo cultural, deportivo y religioso, que proyecte el Municipio incluso a nivel nacional y contribuya a vincular a todos los vecinos de Baruta.

2. Mejorar la comunicación entre la Alcaldía, el CLPP y el Concejo Municipal con los vecinos, utilizando para ello las nuevas alternativas de comunicación e información, poniendo en práctica además los mecanismos legales de participación y las herramientas institucionales a disposición.

3. Implementar los mecanismos de transparencia en la gestión de las distintas instancias de gobierno, garantizando el acceso oportuno de los ciudadanos a la información veraz. En tal sentido, los ciudadanos deberíamos poder acceder a: objetivos de la gestión, presupuesto municipal anual, plan municipal de desarrollo, indicadores, agenda legislativa, informes de rendición de cuentas, etc. Recomendamos crear un sistema público de indicadores de gestión a través del cual se facilite un programa efectivo de contraloría social, que permita acompañar y reforzar la gestión que realiza cada uno de los poderes públicos locales, e identificar los problemas en los cuales el ciudadano pueda corresponsablemente cooperar en la construcción de las soluciones.

5. Considerando que el problema de la recolección de desechos sólidos en el Municipio reviste un carácter de problema de salud pública, activar la Comisión de Vecinos que hace mención el artículo 268 de la Ley Orgánica del Poder Público Municipal, con la finalidad de monitorear el problema de la Basura en Baruta, y trabajar en conjunto en la construcción de propuestas alternativas para disminuir el impacto de la crisis.

6. Desarrollar, informar y promover programas incluyentes de prevención en seguridad ciudadana; facilitar acciones orientadas a promover mayor participación vecinal en las políticas locales de seguridad pública.

Hoy en Baruta, a los 23 días del mes de Setiembre de 2014.

lunes, 14 de julio de 2014

La careta del gigante - Mario Vargas Llosa





autro image

Me apenó mucho la cataclísmica derrota de Brasil ante Alemania en la semifinal de la Copa del Mundo, pero confieso que no me sorprendió tanto. De un tiempo a esta parte, la famosa “Canarinha” se parecía cada vez menos a lo que había sido la mítica escuadra brasileña que deslumbró mi juventud y esta impresión se confirmó para mí en sus primeras presentaciones en este campeonato mundial, en el que el equipo carioca dio una pobre imagen haciendo esfuerzos desesperados para no ser lo que fue en el pasado sino jugar un fútbol de fría eficiencia, a la manera europea.
No funcionaba nada bien; había algo forzado, artificioso y antinatural en ese esfuerzo que se traducía en un desangelado rendimiento de todo el cuadro, incluido el de su estrella máxima, Neymar. Todos los jugadores parecían embridados. El viejo estilo –el de un Pelé, Sócrates, Garrincha, Tostao, Zico– seducía porque estimulaba el lucimiento y la creatividad de cada cual, y de ello resultaba que el equipo brasileño, además de meter goles, brindaba un espectáculo soberbio en que el fútbol se trascendía a sí mismo y se convertía en arte: coreografía, danza, circo, ballet.
Los críticos deportivos han abrumado de improperios a Luiz Felipe Scolari, entrenador brasileño, al que responsabilizan de la humillante derrota por haber impuesto a la selección carioca una metodología de juego de conjunto que traicionaba su rica tradición y la privaba de la brillantez y la iniciativa que anteriormente eran inseparables de su eficacia, convirtiendo a los jugadores en meras piezas de una estrategia, casi en autómatas. Sin embargo, yo creo que la culpa de Scolari no es solamente suya sino, tal vez, una manifestación en el ámbito deportivo de un fenómeno que, desde hace algún tiempo, representa todo el Brasil: vivir una ficción que es brutalmente desmentida por una realidad profunda.
Todo nace con el gobierno de Lula da Silva (2003-2010) quien, según el mito universalmente aceptado, dio el impulso decisivo al desarrollo económico de Brasil despertando de este modo a ese gigante dormido y encarrilándolo en la dirección de las grandes potencias. Las formidables estadísticas que difundía el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística eran aceptadas por doquier: de 49 millones los pobres bajaron a ser solamente 16 millones en ese período y la clase media aumentó de 66 millones a 113 millones. No es de extrañar que con estas credenciales Dilma Rousseff, compañera y discípula de Lula, ganara las elecciones con tanta facilidad. Ahora que quiere hacerse reelegir y que la verdad sobre la condición de la economía brasileña parece sustituir al mito, muchos la responsabilizan a ella de esa declinación veloz y piden que se vuelva al “lulismo”, el gobierno que sembró, con sus políticas mercantilistas y corruptas, las semillas de la catástrofe.
La verdad es que no hubo ningún milagro en aquellos años, sino un espejismo que solamente ahora comienza a despejarse, como ha ocurrido con el fútbol brasileño. Una política populista como la que practicó Lula durante sus gobiernos pudo generar la ilusión de un progreso social y económico que era nada más que un fugaz fuego de artificio. El endeudamiento, que financiaba los costosos programas sociales, era a menudo una cortina de humo para tráficos delictuosos que han llevado a muchos ministros y altos funcionarios de aquellos años (y los actuales) a la cárcel o al banquillo de los acusados. Las alianzas mercantilistas entre gobierno y empresas privadas enriquecieron a buen número de funcionarios y empresarios, pero crearon un sistema tan endemoniadamente burocrático que incentivaba la corrupción y ha ido desalentando la inversión. De otro lado, el Estado se embarcó muchas veces en faraónicas e irresponsables operaciones de las que los gastos emprendidos, con motivo de la Copa Mundial de Fútbol, son un formidable ejemplo.
El gobierno brasileño dijo que no habría dineros públicos en los 13 millardos que invertiría en el Mundial de Fútbol. Era mentira. El Banco Brasileño de Desarrollo ha financiado a casi todas las empresas que ganaron la buena pro en las obras de infraestructura y que todas ellas subsidiaban al Partido de los Trabajadores actualmente en el poder. (Se calcula que por cada dólar donado han obtenido entre 15 y 30 dólares en contratos).
Las obras mismas constituían un caso flagrante de delirio mesiánico y fantástica irresponsabilidad. De los 12 estadios acondicionados solamente se necesitaban 8, según advirtió la propia FIFA, y la planificación fue tan chapucera que la mitad de las reformas de la infraestructura urbana y de transportes debieron ser canceladas o solo serán terminadas ¡después del campeonato! No es de extrañar que la protesta popular ante semejante derroche, motivado por razones publicitarias y electoralistas, sacara a miles de miles de brasileños a las calles y remeciera a todo el Brasil.
Las cifras que los organismos internacionales, como el Banco Mundial, dan en la actualidad sobre el futuro inmediato del Brasil son bastante alarmantes. Para este año se calcula que la economía crecerá apenas 1.5%, un descenso de medio punto sobre los últimos dos años en los que solamente raspó 2%. Las perspectivas de inversión privada son muy escasas por la desconfianza que ha surgido ante lo que se creía un modelo original y ha resultado ser nada más que una peligrosa alianza de populismo con mercantilismo y por la telaraña burocrática e intervencionista que asfixia la actividad empresarial y propaga las prácticas mafiosas.
Pese a un horizonte tan preocupante, el Estado sigue creciendo de manera inmoderada –ya gasta 40% del producto bruto– y multiplica los impuestos, a la vez que las “correcciones” del mercado lo que ha hecho que cunda la inseguridad entre empresarios e inversionistas. Pese a ello, según las encuestas, Dilma Rousseff ganará las próximas elecciones de octubre y seguirá gobernando inspirada en las realizaciones y logros de Lula da Silva.
Si es así, no solo el pueblo brasileño estará labrando su propia ruina y más pronto que tarde descubrirá que el mito en el que está fundado el modelo brasileño es una ficción tan poco seria como la del equipo de fútbol al que Alemania aniquiló. Y descubrirá también que es mucho más difícil reconstruir un país que destruirlo. Y que en todos estos años, primero con Lula da Silva y luego con Dilma Rousseff, ha vivido una mentira que irán pagando sus hijos y sus nietos, cuando tengan que empezar a reedificar desde las raíces una sociedad a la que aquellas políticas hundieron todavía más en el subdesarrollo. Es verdad que Brasil había sido un gigante que comenzaba a despertar en los años que lo gobernó Fernando Henrique Cardoso, que ordenó sus finanzas, dio firmeza a su moneda y sentó las bases de una verdadera democracia y una genuina economía de mercado. Pero sus sucesores, en lugar de perseverar y profundizar aquellas reformas, las fueron desnaturalizando y regresando el país a las viejas prácticas malsanas.
No solamente los brasileños han sido víctimas del espejismo fabricado por Lula da Silva, también el resto de los latinoamericanos. Porque la política exterior del Brasil, en todos estos años, ha sido de complicidad y apoyo descarado a la política venezolana del comandante Hugo Chávez y de Nicolás Maduro, y de una vergonzosa “neutralidad” ante Cuba, negándoles toda forma de apoyo ante los organismos internacionales a los valerosos disidentes que en ambos países luchan por recuperar la democracia y la libertad. Al mismo tiempo, los gobiernos populistas de Evo Morales, en Bolivia, del comandante Ortega, en Nicaragua y de Correa, en el Ecuador –las más imperfectas formas de gobiernos representativos en toda América Latina– han tenido en Brasil su más activo valedor.
Por eso, cuanto más pronto caiga la careta de ese supuesto gigante en el que Lula habría convertido al Brasil, mejor para los brasileños. El mito de la “Canarinha” nos hacía soñar hermosos sueños. Pero en el fútbol, como en la política, es malo vivir soñando y siempre preferible –aunque sea dolorosa– atenerse a la verdad.
Madrid, julio de 2014